
¡Buenos días! Escribir opiniones sin prever las reacciones a las mismas (al menos las más esperables), me parece de una ingenuidad que podría haberse evitado. Es como tomar medicamentos sin leer las contraindicaciones. Esto viene a cuento de que ayer encontré respuestas a lo que escribí sobre este mundo que se ha llenado de famosos desconocidos. Con el caso que yo mismo cité de Justin Timberlake se me vino a alegar que he podido perder visión de la actualidad, procediendo de un tiempo musical que nos convierte en viejos dinosaurios. También se me quiso justificar con millones de discos vendidos la fama de un cantante del que no había oído su nombre en mi vida. Para todos estos criterios y argumentos, cómo no muy respetables, yo ya estaba preparado. No estoy de acuerdo con ellos, no lo estaba ya de antemano. Siempre escribo ante un opositor invisible que voy escuchando imaginariamente en mi contra a cada palabra mía. Ya explicaré mis razones, desde luego las de quien como yo y a mi edad aún no usa gafas ni de lejos ni de cerca, aún no he tenido necesidad de ir al oculista. Y si en música pertenezco a una era, no es la de los dinosaurios ni aquella en la que el ser humano emitió sus primeros sonidos. En esos términos procedería entonces de la gran civilización grecorromana. Soy un clásico. ¡Feliz viernes!





