¡Buenos días! Por esta fecha uno pasó siempre de manera especial, porque se trata de la festividad de Nuestra Señora de la Merced, y eso no es poco ni en Sevilla ni en Barcelona. Ni en mi propia familia, donde hubo y hay unas cuantas Mercedes de renombre sentimental para mí: mi hermana, o la abuela Merche de los Marvizón (que no necesitó ser mi sangre, pero la sentí como abuela de mis primos y parte entrañable del corazón de mi infancia). En cuestión de sagradas imágenes y devociones, las Mercedes de la Puerta Real, la del Tiro de Línea y la aristocrática y elegante Merced de la Hermandad de Pasión. Merche, mi querida Merche, fue también la madre de mis queridas amigas en Madrid, con la afincada y sevillana Macarena Jiménez Algora. Pero la gran institución familiar más directa fue siempre la tía Mercedes Aguilar Sáenz, que en tiempos nos acarreó a sus sobrinos en coche de un lado a otro, una especie de taxi sin bajar bandera e invariablemente libre. Se dedicó a ser la generosidad en persona. ünica. Incomparable. Casi llega a llamarse madre. Ella solía decir en broma que a quien Dios no le da hijos, el demonio le da sobrinos. ¡Felicidades a todas!





