
¡Buenos días! La vida me ha regalado muchas veces la amistad de famosos que ya estaban en mis cromos de estrellas de la canción cuando yo sólo era un niño. Uno de ellos fue Bruno Lomas, pionero con otros, como Mike Ríos (después Miguel), de aquel rock español que empezó en Madrid bajo la carpa del Circo Price. Su nombre era realmente Emilio Maldoví. Me contó que se puso Bruno por su padrino artístico Bruno Coquatrix, el legendario empresario del Olympia de París. Me presentó a Bruno Lomas su mánager, José Luis Ramos, en cuya casa de la Avenida Ramón y Cajal siempre se alojaba en Sevilla. Además de su inconfundible voz en «Como ayer», «Amor amargo» o «Ven sin temor», del cantante recuerdo nuestras paradas en Blanco Cerrillo, en la desaparecida Venta del Aljarafe, de Castilleja de la Cuesta, o en un ventorrillo de Camas que le encantaba, porque cerraba hacia las seis y media de la mañana, amaneciendo, y eso nos permitía mantener largas tertulias durante toda la madrugada. Un tipo apuesto Bruno Lomas, al que recuerdo muchas veces, como si el tiempo me lo devolviera en su canción, como ayer… ¡Feliz lunes!

…





