
¡Buenos días! La Piedad del Baratillo está desde anoche en la capilla del Convento de la Encarnación, el de la hermosa espadaña que asoma a la Plaza de la Virgen de los Reyes, desde la modesta altura de sus calles y sin complejo ante la esbeltez de la Giralda. El de la Encarnación es el Convento que por una puerta trasera, casi en la Plaza del Triunfo, ofrece la estancia íntima donde está el torno por el que se venden los sobrantes moldes de recortes de hostias. La Piedad ha ido a la clausura. Lo ha hecho por los secretos cauces de la privacidad y lo discreto, sin voces en alto, musitando oraciones. Ha entrado en parihuela por el breve y callado pórtico de lo auténtico con sabor y olor de antigua estampa. La Piedad parece hoy en la Encarnación una añeja fotografía de Luis Arenas incorporada a aquella joya de libro que fue «Sevilla Oculta». ¡Feliz viernes!

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