
¡Buenos días! Hay que ver la de años que salen cada vez que uno se pone a recordar una cosa. Hoy hace cuarenta, nada menos que cuarenta, de cuando el GRAPO asesinó en Sevilla al empresario Rafael Padura. Un tiro a bocajarro en su despacho de la calle Luis Montoto acabó con la vida de un hombre extraordinario al que traté mucho. Yo mismo me solía reunir con él en ese despacho. Allí estaban los talleres de Gráficas Padura, desde los que pusimos a imprimir un proyecto de la Agrupación Provincial de Comerciantes que se hizo realidad: la revista El Comerciante, el medio difusor de las inquietudes de APROCOM. No he olvidado la noche en que los dos, el malogrado Rafael y yo, nos fuimos en un taxi desde su imprenta hasta la sede de la Agrupación, en el edificio Sevilla 2, cargados de los primeros ejemplares que vieron la luz, y que transportamos de esa forma llenos de una gran ilusión. En la corta existencia de Rafael Padura (porque murió muy joven), me tocó la suerte de cruzarme en el camino con una persona estupenda que jamás ha dejado de estar en mi memoria y en la de esta ciudad. ¡Feliz jueves!





