¡Buenos días! Hacer constar un hecho no es forzosamente situarte enfrente de que ocurra. Me pasó el otro día al dar cuenta de esta Sevilla de colas en el Alcázar, que son ya colas por todas partes: desde la entrada a la Catedral a esperar turno para sentarte en Blanco Cerrillo. Un testimonio no es un libelo. Y es que yo no estoy en contra del turismo. Eso sería como estar en contra de mí mismo, como tirar piedras a mi propio tejado, porque en un momento dado y cuando me voy de viaje, yo también soy turista. Además, no soy partidario de restringir ninguna libertad, me encanta la libertad, adoro la libertad, la mía y la de los demás. No digamos la de la libre circulación por el territorio, nacional e internacional. No quisiera experimentar, como ya ha ocurrido a visitantes de Barcelona, que los residentes de allí hayan cogido pistolitas de agua para mojarlos en plena calle. Si el turismo se ve como un problema, ¿cuál es el problema o son los problemas? Yo me excluyo de ese debate, porque no soy nadie para dictar legalmente las soluciones. ¡Feliz miércoles!





