¡Buenos días! A veces hemos de saber construir sobre la misma tierra en la que antes hubo un derribo. Es la mejor comparación que se me ocurre para tantas vidas que han de rehacerse justo donde se desplomaron: unos planes que fallaron, una empresa que amenazó ruina, un matrimonio que se divorció, los sueños que no se lograron, etc. El ser humano anda casi siempre levantándose de allí donde se cayó. Su verdadera naturaleza quizás sea tener la capacidad de reintentarlo todo, de convertirse en el ave fénix que resurge de sus propias cenizas. Raramente emprendemos algo desde solares vírgenes, pero sí cavamos los nuevos cimientos donde nos precedieron unos escombros. Y hay que tener el coraje necesario para edificar precisamente donde lo pasado, pasado está, y enterrar las viejas derrotas ante las que no rendirnos, para que siga este regalo y privilegio divino que es existir. Posiblemente terminemos por descubrir que la vida, como la materia, no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. ¡Feliz martes!





