¡Buenos días! Lo malo de algunas personas religiosas es que están convencidas de que han de encargarse en sus oraciones de individuos como yo, disidentes de unas doctrinas en las que ya no creo, sencillamente porque a estas alturas de mi vida me parecen increíbles, no las admito ni por el salvoconducto de la fe. Podrán seguir rezando por mí y por otros, pero es una arrogancia que tengo por infundada, innecesaria, una atribución y responsabilidad que se han sacado de la manga, que no dejo de entender más que como un invento interesado que en absoluto enlaza con mi idea del inmenso amor de Dios. Jamás debato con esas personas, nunca afronto el desafío inútil de sus versículos, tras el cual, caso de darse, ni yo bajaría de mi burra ni ellas de la suya. Ya no estoy en el redil ni soy una oveja. ¡Feliz martes!





