¡Buenos días! Ayer me eché a la calle para ver pasar por la Ronda la Vuelta Ciclista a España. ¡La noción que yo tendría de eso! Uno no ha sido de ver deportes por televisión, nunca, a pesar de que tuvo un padre que se los veía todos, desde el fútbol hasta el billar. Me coloco en una acera de la calle Recaredo, expectante, con conciencia de presenciar algo histórico (ahora que a tantas cosas se les llama «históricas»). Y aquello llega a mi altura y pasa en un santiamén, sin darme tiempo ni para aplaudir ni para la emoción, a velocidad de postes por las ventanillas de un AVE. ¿Ya?, pregunto mientras observo que la gente se retira nada más pasar un pelotón de ciclistas, tan abigarrado que dudo cómo va a saberse en la meta quién ha llegado el primero. ¿Ya?, vuelvo a preguntar sin comprender nada, pero observando que el público lo ha comprendido todo. La Vuelta por Sevilla me recordó al paso de los americanos en «¡Bienvenido, Mister Marshall!» y al cerdito Porky tartamudeando al despedir sus dibujos animados: «Esto es todo, esto es todo amigos». ¿Para ver lo que vi hacia las seis de la tarde hace falta tener cortado el tráfico de una ciudad, intransitable y colapsada desde las más tempranas horas de la mañana? Quizás yo entienda de la Vuelta tan poco como el alcalde… ¡Feliz jueves!





