¡Buenos días! En la sevillana calle Velázquez, y a la altura de donde muchos ya la llaman Tetuán aunque no lo sea, se anuncia sobre unos paneles y puertas provisionales la próxima inauguración de una nueva tienda de Álvaro Moreno, el de la ropa masculina, y que en vista del éxito obtenido con 38 establecimientos ya en su haber, pronto se ubicará en pleno centro. Pero otro éxito de esta firma no me ha llamado tanto la atención como haberme detenido a leer lo que pone ese anuncio: que da las gracias a Dios y que sea para gloria de Dios la apertura de la nueva tienda. Me parece una ejemplar anacronía para tiempos en los que Dios no parece contar públicamente en las venturas y en los éxitos de los hombres. Álvaro Moreno lo ha hecho sin complejos. Y me ha recordado aquellos años de España en los que se sentía en todo la bendición de Dios: el nuevo comercio (hasta El Corte Inglés lo hizo en el Duque), empezar a vivir en un piso, o abrir un bufete (con el suyo lo hizo Moeckel). En azulejos se pedía la bendición de Dios para cada rincón de las casas. ¡Feliz lunes!





