
¡Buenos días! La Virgen estuvo en todo desde el principio, su manto cobijó mi infancia. Por todas partes. En el vestíbulo de la habitación de la Clínica del Rosario (la de Morote), donde mi madre dio a luz a mis cuatro hermanos. En la réplica de su imagen presidiendo el altar de la capilla de los Hermanos Maristas cuando tuvieron el colegio en la calle Jesús del Gran Poder. La Virgen estuvo en el nombre de mi tía Reyes Pérez Serrera, y en el de Reyes Aguilar, la esposa del tío Carlos, el magistrado. También estuvo en el dormitorio de los abuelos Rafael y Ángeles, gracias a la talla, pequeña y deliciosa, que sacó de sus manos su hijo Pepe, mi inolvidable tío Pepe. Y en las medallas plateadas que tuvieron como miembros de la Asociación de Fieles. Y estuvo la Virgen por las cerámicas y retablos callejeros de Sevilla, como el que está en la plaza de su advocación donde se alza la Giralda. Y en el envoltorio, que se convertía a estampa, del chocolate que se llamaba como Ella. Y en el mismo canto del Salve Madre sonaba la Virgen, que también iba entre los cirios del palio de la Amargura. Y fue procesión de clausura de las misiones de 1965, cuando la vi por vez primera sobre su paso en la Puerta Jerez. Todo y siempre fue Ella, Virgen y Patrona de los Reyes. Mañana, otra vez y como toda la vida, la contará hasta el sol.





