¡Buenos días! Los deseo para todos desde esta mañana bien avanzada de domingo, la que ya supera la línea de calores del mediodía. Es la misma mañana de otros domingos, la de los minutos lentos de desayunos en calma, cuando sobre las tostadas derramo el aceite de oliva con densidad de tiempo sin prisas, conversando tranquilamente con mi mujer, de esto o de aquello, de lo de más acá o lo de más allá, como si ella tomara un lápiz para dejar en la hoja, aún en blanco del nuevo día, el esbozo de más ilusiones y más amor. Y parafraseando a mi querido Carlos Herrera, permitimos, muy conscientemente, con premeditación y alevosía, que el reloj y sus horas vayan a «velocidad de óleo». La luz entra por la ventana y cruza la celosía dejando en nuestras paredes una agradable sombra chinesca hecha de Sevilla. ¡Feliz domingo!





