¡Buenos días! Hay abuelos a los que no les gusta que sus nietos les llamen lo que son: abuelos. Vaya por delante que cada cual tiene derecho a esa elección. Prefieren otros nombres, como yaya o yayo, o incluso sus propios nombres. No sé muy bien las razones que lo motivan, habría que conocerlas caso por caso; aunque parecen lindar con una cierta coquetería y moverse en los terrenos huidizos de la edad, que tantas veces se procura inconfesable. De todos modos, un día descubrí que una de esas personas a las que no les hace gracia que sus nietos le llamen abuelo, resulta que no había llegado a conocer a los suyos, que ya habían muerto cuando nació. Entendí que había vivido su infancia sin pronunciar esa palabra en sus labios de niño, una palabra entrañable, una de las más grandes que puedan formar parte de toda mirada atrás que haga un ser humano con el paso de los años. ¡Feliz viernes!





