¡Buenos días! A pesar de todo, buenos días, en este sábado en el que yo podría escribir tanto de mi amigo Pepe Luis Vázquez y, sin embargo, prefiero hoy guardar silencio por un torero, como si Joselito me prestara ahora su muerte de copla en Talavera con la voz de Juana Reina. Necesito apaciguarme de la mala noticia de ayer, encajar ese largo y lento pase de pecho que se da siempre en esta vida cada vez que te enteras de que a alguien se le ha terminado la suya. He de rebuscar las fotografías en las que nos hemos quedado juntos nosotros dos y en familia, con mis padres, con mi hermana Pilar… ¡cuántos momentos en casa en Sevilla y en el chalet! Que pase de mí este cáliz de la partida definitiva de Pepe Luis y, entonces, sabré hablar de él con el tono ya dulcificado de esta pena tan grande con la que, ahora mismo, yo no sé qué hacer…





