Buenos días!!! Conocí de cerca las aguas del lago de Genesaret. Las conocí mojando mis pies desnudos en su caricia de un vaivén suave de olas cansadas de siglos. Pero allí fue un día la brava tempestad y la atronadora tormenta en la que los apóstoles temieron por sus vidas. Jesús duerme en la barca, como si el peligro no fuera con Él, mientras sus discípulos gritan aterrados pidiendo un auxilio urgente a su Maestro. Allí regaló Dios a los hombres que creeríamos sin haber visto, la ocasión de saber que hasta cuando pensamos que Dios duerme, Dios está despierto y mirándonos. Allí dejó escrito Dios para toda la Humanidad su más irritante apariencia de despreocupación cuando nos hundimos. Y, desde la angustia y el pánico, sucederá ya para siempre, en tantas situaciones extremas personales, la igualdad de una ecuación errónea: Dios no me escucha, luego Dios no existe.
Cada uno cuenta su vida como le va. Yo también. Y juro que he estado en esa barca, juro que le he visto dormido, pero también levantarse y calmar la tempestad. Sé que es Dios. Y no me resisto a suprimir del episodio la decisiva pregunta que acabará haciendo uno de los suyos y de la que conozco, emocionado, la respuesta:
-¿Quién es este que hasta el mar y el viento le obedecen?
En Sevilla vive en la Plaza de San Lorenzo y le llamamos el Gran Poder.





