¡Buenos días! Cuando recuerdo «mis playas», siempre me viene la memoria indeleble de las de Huelva. Pero, ¿y Cádiz? Llorando he llegado a volverme de los felices días de aquellos veranos que pasábamos en familia en el Hotel Atlántico (ahí dejo la foto de su antigua y derribada construcción), hoy Parador, a dos pasos del Teatro Falla. ¡Qué bonita es Cádiz! Sucedió en aquellos años 70, cuando aún no existía la autovía y la recta de Los Palacios era el anuncio inequívoco de lo que nos esperaba al final del trayecto, cruzando el casi recién inaugurado puente Carranza, en 1969. Aquella Cádiz fue muy distinta a la de ahora… bueno, todo ha cambiado en todas partes. Se podía circular y aparcar en cualquier sitio con la misma seguridad del que ahora tiene parking. Mi padre se podía permitir cómodamente los traslados diarios en coche, para hacer cumplir su programa vacacional con cinco hijos y una tata. Por las mañanas, del hotel a la Playa de la Victoria, y llegando la hora de almorzar, vuelta en coche al hotel, tranquilamente y sin atascos, para las duchas que nos liberaban de la blancura pegajosa de la sal. Y otra vez al coche, ya aseados, para comer en El Faro. Cádiz fue mucha Cádiz y no habré de acabar contarla aquí. ¡Feliz miércoles!





