¡Buenos días! Mi querido amigo Rafael Moreno (el válido y definitivo apoderado de Espartaco y ahora gran novelista) me enseñó un día que en la vida hay que jugar con las propias cartas que a uno le tocan en la partida; que no vale mirar de reojo las que lleva el que tienes al lado, porque esas -aunque te lo creas- no son tus cartas, sino las de otro. Y me hizo pensar en la de veces que confundimos nuestro destino con el de los demás, la de ocasiones perdidas para haber sabido que éramos originales y, por tanto, incomparables. ¡Qué de tiempo se puede malgastar en objetivos y metas que no nos pertenecen, que no quedan en nuestras manos porque están en las ajenas! Esas cartas que nos han repartido, puede que en muchos casos no sean las mejores, pero son desde luego las únicas con las que contamos para darle la vuelta al final previsto. ¡Feliz viernes!





