
¡Buenos días! Volviendo a lo de la voz de los cantantes, también los actores y humoristas cargan lo suyo a la hora de cuidarse las gargantas.
Durante un verano, sería ya agosto, en coche vinieron a recogerme al chalet de mis padres Miguel Caiceo, Pedro Miguel Ledo, su ingeniero de sonido entonces, y Carmelo Millán, su mánager. Me habían invitado a acompañarles a una gala de Caiceo en Huelva. El coche se queda aparcado fuera y sólo entra a buscarme Carmelo. Está muy serio, callado, como si se hubiera quitado de golpe su cordialidad de siempre. En busca de subirnos al vehículo, caminamos prácticamente en silencio, mientras empiezo a sospechar que cuanto le ocurre es que está enfadado, muy cabreado diría yo. Por fin nos montamos, saludo a Caiceo y a Pedro Miguel y arrancamos para llegar a la actuación. Al poco me lo explico todo: A pesar del calor que hace, el Caiceo ha impuesto viajar sin encender el aire acondicionado y, encima, con las ventanillas cerradas. ¿Y por qué? Por cuidarse la voz antes de salir ante el público. Y añadiendo una razón particular de peso: hay un momento del show en el que ha de hacer una imitación de Gracita Morales dialogando con López Vázquez: «¡Que se lo ha creído usted, señorito!». Y ahí estaba el mayor motivo del tormento de Carmelo, que la voz agudísima de Gracita Morales requería todas las precauciones y se iba a pique si el humorista se rozaba lo más mínimo la garganta por culpa del aire, aire acondicionado o natural. Cosas y sacrificios inimaginables en artistas si no te toca presenciarlos. ¡Feliz miércoles!





