¡Buenos días! «Ayer se fue, tomó sus cosas y se puso a navegar… Y se marchó y a su barco le llamó libertad; y en el cielo descubrió gaviotas y pintó estelas en el mar…». ¡Hay que ver, mi querido José Luis Perales, hay que ver que esta canción nos contó a nosotros en un tiempo y hoy cuenta a nuestros hijos. Queriendo o no, sabiéndolo o ignorándolo, con premeditación o sin ella, escribiste una vez la aventura que fue nuestra y ahora, esta misma mañana, es la aventura de mi hija María. Se va, se marcha, vuela hacia Argentina. Ha tenido el coraje suficiente para irse en pos de buscarse el futuro de su espíritu, la grandeza de su corazón y la inmensidad de su mirada más allá de lo que podía alcanzar por los lugares de siempre en la tierra que la vio nacer. Ha sentido la llamada de ayudar a los necesitados en un voluntariado que viene a caer por Buenos Aires. Y quien es valiente para responder a una llamada interior, sabe que será feliz, pero que no vivirá cómodo; y que no se consigue nada verdaderamente importante partiendo de dejarlo todo confiado a la seguridad. «Se despidió y decidió batirse en duelo con el mar…». ¡Ay, Perales, que ser padres es acabar viendo a los hijos partir en un velero llamado libertad! ¡Feliz lunes!





