¡Buenos días! Por mi insaciable hambre de aprender, ayer me fui (nos fuimos, porque yo tengo la vida conjugada en plural) a escuchar a la actriz María Galiana en el teatro de la Fundación Cajasol. Ella es de tomar apuntes en un mundo que tanto ha perdido la capacidad de las buenas conversaciones. ¡Hay que ver la de gente que sólo habla ya de guisos y de comidas! Será el síndrome de Master Chef… o el de Arguiñano, vaya usted a saber. Con María Galiana la vida sube de nivel. Se sentó sobre un escenario, pero saliéndose de la escena, para contar sus experiencias y pensamientos de 89 años, atendiendo, en un cómodo butacón desde el que nunca cedió al apoyo completo de su espalda, las preguntas del periodista y mi querido amigo Rafael Cremades. Había llegado allí desde bastidores mientras el maestro Claudio Gómez le hacía por el piano un camino musical que sugería con elegancia las notas de «Cuéntame». La Galiana dejó perlas para cultivar siempre. Y entre sus lecciones citó a Picasso: «Uno es joven hasta que se muere». ¡Feliz miércoles!





