
¡Buenos días! Ella ha tenido la suerte (otra vez la suerte en su vida, pero la suerte de los que la buscan, los que la trabajan, los que la persiguen con todas sus fuerzas y esfuerzos), ella ha tenido la suerte de cruzarse en su camino con el hombre que sobrevoló durante tantos años junto a Julio Iglesias esos inmensos atlánticos de los sueños más caros y valientes, una especie de sombra del ídolo acompañándolo incluso hasta Amsterdam para cantar en Eurovisión. Ella es Beatriz Galiano, pintora y modelo sevillana, artista. Y él es nada menos y nadie menos que César Lucas, el mítico fotógrafo internacional que ha de salir constantemente al ruedo de la actualidad española cada vez que este país quiere explicarse a sí mismo en sorprendentes retrospectivas, el Che Guevara por Madrid, John Lennon en Almería, Brigitte Bardot paseando los hermosos campos de la juventud, o su musa de años, Marisol, desnuda y bella en la portada que dejó la indudable imagen de la Transición. Los dos se han hallado (pregúntenle al destino un porqué) donde acordaron cita la experiencia de César y las ilusiones de Beatriz. Les miro en la residencia marbellí del sabio César Lucas, les escucho entre preguntas y respuestas, entre deseos y consejos. El mar cae justo detrás de ellos, para verlo sólo hay que asomarse a la amplia terraza que trata de abarcar, con un friso de flores andaluzas, la largura mediterránea del horizonte. Y junto a esa reunión de las palabras de ambos que van del ayer al hoy, suena al fondo la voz de la leyenda con la que César Lucas se recorrió el mundo: «Abrázame, como si fuera ahora la primera vez…». ¡Feliz martes!





