¡Buenos días! Me dejó contado el dramaturgo y escritor Joaquín Arbide en su libro PLAZA DEL DUQUE. Me fijó en ese respeto que causa verte en la letra impresa, donde pareces sentirte inamovible, como preso para siempre, condenado a cadena perpetua de la que no podrás liberarte por más que cambies. Me impone ese ingreso en prisión que es salir en un texto. Y me asombra la distancia que pueda haber entre como yo creo que soy y como lo creen los demás. Me recuerda a la extraña sensación que suele darnos oír nuestra voz en una grabación: ¿Así hablo yo?». Arbide me distinguió en un paisaje urbano de personajes del centro de Sevilla, que yo agradezco; pero yo no he pasado de considerarme un privilegiado transeúnte con un arraigo de casi cuarenta años en la calle Imagen, gracias a mis padres, por supuesto. ¡Feliz domingo!





