¡Buenos días! Del teléfono fijo en un tiempo sin móviles me llegó al descolgarlo la voz del académico Pineda Novo: «José María, ¿tú puedes recoger con tu coche a Carmen Sevilla y llevarla al Festival de Cine?». En mi vida había visto en persona a Carmen Sevilla y jamás hubiera imaginado que iba a ser de esa forma. Como solía decir nuestra tata Aguilar sobre cosas increíbles que ocurrían, «ni a soñar que yo me echara». Seguí las instrucciones y me dirigí a los soportales arqueados del Mercado de Entradores por la calle Pastor y Landero. Allí me esperaba, ¡Dios mío qué guapa!, la cara más bella -al menos para mí- del cine español, la que había sido hasta pareja de Charlton Heston. Atravesé el Paseo Colón buscando gente conocida a las que asombrar tanto como lo estaba yo, que se dijeran «pero… ¿a dónde va ese con Carmen Sevilla?». Cuando divisé el Casino de la Exposición y su puerta acosada por la parafernalia de las cámaras, los focos y los periodistas, le dije a la estrella: «Mira, Carmen, este coche no está para enfrentarse a tanto glamour; así que aparcamos cerca y llegamos andando». Ella fue extremadamente benevolente y educada con mi Simca: «Este coche está muy bien». Y me atreví a replicarle: «No, Carmen, este coche está muy bien para un estudiante, pero no para ver bajarse nada menos que a Carmen Sevilla». Mi recuerdo para ella hoy, primer aniversario de su partida. Y feliz jueves para todos.






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Muchas gracias por compartir la vivencia. ¡Qué gracia las cosas de la vida!