¡Buenos días! Escribir es, al menos para mí, superar casi todos los días la tentación de dejarlo. Basta un poco de humildad para preguntarme a mí mismo qué razón de peso me hace creer que los demás hayan de leerme. Si tengo alguna, está otorgada por quienes en el periódico o en las redes me agradecen que lo haga. Escribir acaba convirtiéndose siempre en un cruce de caminos por donde yo procuro coincidir con los demás llevando las luces cortas, sin deslumbrar poniendo la larga. Intento dejar mis verdades sólo a medias, porque la otra media son las verdades de los demás. No busco cegar a nadie, pero tampoco dejo que me cieguen a mí. Ya no soy la sucursal del pensamiento de las doctrinas de nadie, pero también respeto a aquellos que no las abandonan y permanecen en su fidelidad. Las palabras de todos deberían encontrarse por norma con el muro de contención de las que posee quien cree de manera distinta a nosotros. Hay excepciones, pero no tocan hoy. ¡Feliz miércoles!





