
¡Buenos días! Hoy es un día especial, un día entre felicitaciones y añoranzas, entre quienes están y los que se fueron, un día para cabalgar lo mejor que sepas y puedas entre el presente y los recuerdos. Hoy es San Juan, San Juan Bautista, aquel que clamaba en el desierto donde, al cabo de tantos siglos, aún se sigue clamando en vano. Muchos y muchas tomaron de él su nombre y raro será que no contemos entre los nuestros a juanes y juanas. Yo me pongo por uno más de esos casos y sigo llevando en el alma a mi tío Juan Aguilar, que no fue tener un tío en América, pero sí en Tenerife y por razones similares a las que se busca la fortuna en América. Hermano de mi madre entre los doce que tuvo, siempre lo disfruté como a alguien especial, muy especial. Encontró en mi tía Reyes uno de esos difíciles amores que duran para siempre habiendo empezado de niños como quien dice. En los últimos años de su vida, mi tío Juan no había superado, tras más de cuarenta años o así, estar fuera de Sevilla. Se sostenía en la ilusión de volver a su tierra. Sabía que iba a ser imposible, pero también pareció saber que hay sueños muy convenientes de llevarte a los labios. Ya se dijo que de la abundancia del corazón habla la boca. ¡Felicidades a todos los que celebren hoy su día!





