
¡Buenos días! Tengo la impresión de que como padre he ganado en los ojos de mis hijas la vista que se va perdiendo con los años. Me da la sensación de que los hijos, ya crecidos, son las gafas de cerca que te pones para tener claro el tiempo al que has llegado, el que tienes delante. ¡Y cómo ha pasado el tiempo! Los hijos son aquellos que vivían abajo y ahora quedan a tu altura, si no la superan. Los hijos hacen desconcertantes los recuerdos de unos años que han volado y no te lo explicas. Son los que ahora caminan solos tras venir de tus andares de gigante llevándolos de la mano, auparlos entre un gentío para asomarlos a divisar un paso, subirlos en tus hombros de alazán de fantasías a la cima de la seguridad, o cogerlos en brazos gritándoles el nombre de Melchor. Me llamaban súper papi. Y ante sus incansables preguntas, menos mal que les advertí muchas veces que yo no lo sabía todo. Ya se han dado cuenta. También de mi verdad y de mi honradez con ellas. ¡Feliz miércoles!





