
¡Buenos días! Esquivando a la actualidad política en beneficio de mi salud mental, la semana pasada me iba encontrando como compensación que apareciera por todas partes el rostro de Francoise Hardy. Se había ido con 80 años de intensidad entre la música y sus posados de modelo, además de subir y bajar con velocidades de vértigo esas montañas rusas por las que le llevó su unión sentimental con el cantante Jacques Dutronc. Yo siempre vi a la Hardy como si fuera la niña bien de los franceses, la de buena familia, una preciosidad de mujer llena de un encanto físico especial que me sugería eso que llaman malos pensamientos y que, sin embargo, uno tiene por los mejores. No le recuerdo un éxito sonado en España con una canción emblemática y de las que perduran pase el tiempo que pase, pero aportó un sonido bien identificado con lo que fue la década prodigiosa de los 60, además de mirarla bellísima y ajustada a la perfección vistiendo al Paco Rabanne del metal. Gracias, Francoise Aire Hardy. Y a todos, ¡feliz martes!





