¡Buenos días! A mí me presentó a Antonio Burgos nuestro común amigo Rogelio Gómez Trifón. Y en aquel momento, cómo no, allí estuvo Jesús Martín Cartaya para dejar con su cámara el recuerdo de ese primer contacto personal con el cronista de Sevilla. ¿Quién iba a estar si no Martín Cartaya, siempre al acecho de lograr la foto que nadie lograba, estando donde a ninguno se le ocurría estar, invariable sin escalerilla de mano por entre las bullas de las cofradías, sin tiempo ni estrategias para pretender con antelación programar la escala ASA de la sensibilidad fotográfica… La sensibilidad era él. Mirando este recuerdo con Rogelio, Burgos y el invisible pero latente Martín Cartaya, no sabe uno por qué calle coger para hacerme el encontradizo y darle un fuerte abrazo a cualquiera de los tres. No puedo decir que me haya aburrido en esta vida. Ni ser el ignorante que no hubiese aprendido tanto de gente así. ¡Feliz domingo!





