
¡Buenos días! ¡Y felicidades a tantos como llevan el nombre de Antonio, Antonia, Toñi, Tony…! Viajando y visitando iglesias, algunas tan importantes como el Sacré Coeur en Montmartre, en París, es siempre probable encontrar la figura de San Antonio de Padua ofrecida al culto. También será probable que hoy tengamos que felicitar a algún Antonio, o a dos, o a tres… Sólo en familia ya tuve muchos años a mi gran tío Antonio Aguilar y aún ahora a su hijo -mi primo- Antoñete. Y puedo seguir por Antonio Mantero, Antonio Aguilar Castaño… alguien se me olvidará. A poco que se busque en Google, este Santo portugués se llamó en realidad Fernando (que tampoco se queda corto entre los míos), fue un gran predicardor con más pico de oro que su tocayo Antonio Gala, y que se sintió llamado a evangelizar por toda Europa, teniendo más público y seguidores que en un concierto del Bernabeu, además de haber sido el hacedor de grandes milagros, uno de ellos el de la aparición del Niño Jesús sobre sus brazos, de ahí la forma en la que se le representa en los miles de altares que ocupa por el mundo. Se le vino nombrando como protector de los matrimonios y es costumbre piadosa pedirle que nos conceda encontrar a nuestra pareja, es un clásico de la piedad popular femenina encomendarle que les busque un novio. ¡Feliz jueves!





