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¡Buenos días! Lo mejor que puede hacer un mito es venir por Sevilla. Donde más acorde se encuentra una leyenda es en la ciudad de la que se cuentan tantas. Pero el mito debe marcharse envuelto por la misma magia con la que llegó. Y la magia es un factor de tiempo. La Cenicienta tuvo marcada la hora a medianoche para agotar los justos minutos que dura una fantasía, antes de que la carroza, desvanecida entre efímeros brillos, volviera a ser calabaza. Alain Delon -nada menos que Alain Delon- pasó una vez por Sevilla siguiendo las pautas exactas del reloj de las estrellas; y pasó con brillo fugaz, porque todos aquellos que lo son verdaderamente, saben de la medición precisa para largarse tan pronto como los demás puedan descubrir que los astros son humanos. Me tocó la suerte de estar con él aquella vez de una noche sevillana (también con mi querida Raquel Revuelta). Pero por más cerca que lo tuve, jamás quedó desprovisto e indefenso de su enorme y cautivador tamaño cinematográfico. Y se me grabó su presencia como cuando por el firmamento de agosto cruzan veloces y asombrosas las perseidas. ¡Feliz miércoles!




