¡Buenos días! Morante lo ha dicho sin rodeos, como si cogiera al toro por los cuernos: que tiene una depresión y que por eso se retira de los ruedos sine die, hasta salir por completo de ese trance difícil y oscuro como un túnel. No es la primera vez que lo cruza. Y se ve con su caso que, aunque las depresiones pueden atraparnos a todos (nadie está libre), esa enfermedad consigue alcanzar hasta a aquellos mortales que residen en las alturas máximas del éxito. Ejemplos notorios hay. Unos fueron capaces de confesarse en sus declives emocionales; y otros, no por ampararlos en su derecho a la privacidad, han sido menos reales. Atreverme a descifrar aquí y ahora las causas (múltiples por otra parte) de las depresiones, es una insensatez, dar palos de ciego. Por encima al menos, y en general, parece que llegan para estados anímicos en los que no nos encaja la visión de la vida con lo que esperábamos de ella. Deseo a Morante, acostumbrado por su maestría torera a lidias de todo tipo, que acabe cuanto antes y de una buena estocada con ese bicho enorme, largo y negro de la depresión. Con todo y para todos, ¡feliz lunes!





