¡Buenos días! Hay vida más allá de ver procesiones y pasos, por más que a muchos les parezca imposible. Me atrevo a decirlo desde la ciudad que creyera que su «industria» es organizar cofradías. Ni la policía municipal es ya capaz de dar cobertura a todo lo que sale y entra de las iglesias cada fin de semana. Quienes en otros tiempos fueron llamados capillitas y en estos de ahora son cofrades, han encontrado las fórmulas que ayuden a matar el gusanillo entre una Semana Santa y otra. Recurren a indagar conmemoraciones y aniversarios donde haga falta. A este paso -nunca mejor dicho, o a estos pasos- acabaremos viendo hermandades que celebren con procesiones las bodas de plata matrimoniales de un miembro de su junta. Da la impresión general de que el arzobispo está encantado con este cotarro. Sin embargo, la cosa no es nueva, la cosa viene ya de lejos y no acaba de inventarse. En 1981 mantuve una conversación privada con el Cardenal Bueno Monreal sobre esto, llegándome a decir con retranca e ironía: «Tal como se han puesto las cosas yo les he llegado a proponer en broma que deberían sacar una cofradía cada fin de semana. Y lo más gracioso es que se lo han tomado en serio». ¡Feliz lunes!





