¡Buenos días! Iba esta mañana muy temprano el Cristo de Burgos crucificado en sus 450 años y, mientras yo, cogido a los muchos recuerdos de tantos años vividos en la calle Imagen. Se me amontonaba la memoria, que es lo que hace siempre la memoria, amontonarse, cuando has dejado ya tanto tiempo por detrás, ese tiempo en el que la vida te quedaba entera por delante. Iba el Cristo de Burgos en su muerte de siglos y yo prendido a unas décadas ya vencidas en la tierra de lo inolvidable. El antiguo mercado de la Encarnación, Los Estudiantes aún saliendo de la vieja Universidad, la Cabalgata de la niebla, los toques a misa de la Parroquia de San Pedro, el padre Cruces, el kiosko de Manolo, la tienda de Joaquín Fernández, el Spala, Martín Cartaya en Cortefiel, los calzados Ruiz, Joaquín Prat en los electrodomésticos de los López Sánchez, los juguetes de Barreiro, San Roque el Domingo de Ramos, el sereno, la viejita del puestecillo amparado, como para no estorbar, en el humilde rincón junto a la cuchillería, la farmacia de las Cobo, los cuentos de Reguera, nuestra familia los Mantero Sáenz, nuestros amigos los González Reina, los Aguilar Cazorla, Ochoa, Soro, Molina, el día que Juan Pablo II pasó bajo nuestra casa camino del Convento de Madre… Iba esta mañana muy temprano el Cristo de Burgos. Llevaba en la trasera de su paso toda una vida acompañándole; y entre la gente creí ver a mis padres…





