¡Buenos días! Una tarde salía con mi mujer del gimnasio del Labradores, cuando ella se percató de algo extraño en los andares de un octogenario que llevábamos delante:
-Ese hombre no anda como los demás, tiene una forma de caminar muy especial, muy bonita…
Beatriz no podía verle la cara, además de que por su juventud tampoco lo hubiera reconocido, ni le era posible traerlo a su memoria desde unos tiempos de gloria en los que ella aún no había nacido. Yo sí tenía a mi alcance aclararle de quién se trataba:
-Es que ese hombre es Curro Romero, el torero que mejor ha hecho el paseíllo en la Maestranza. Muchos daban por bien pagada su entrada con tal de verlo pisar el ruedo.
A partir de ahí, mi mujer se entusiasmó con el personaje, siguió los capítulos de su biografía televisiva y se propuso saludarlo personalmente en un momento adecuado. La verdad es que lo merecía por su ojo clínico, capaz haberlo distinguido en la forma de caminar. ¡Feliz martes!





