¡Buenos días! De vuelta estaba entrando Triana por la calle Castilla y sin caber un alfiler, cuando un buen amigo al que mi mujer y yo nos encontramos nos dijo:
-¡Qué os gusta una bulla!
Entendimos la buena fe y el humor de un comentario tan propio entre sevillanos. Pero como uno se ha vuelto con los años de HD, de alta definición, le salí respondón:
-¡Ah, no! ¡De ninguna manera! Si yo no creyera en Dios, yo no estaría aquí.
Y es que por más bullas en las que me he metido en mi vida, no he llegado yo a cogerles el gusto y hasta padecer su adicción. Si yo no creyera en Dios tampoco vería la Semana Santa ni procesión alguna, entre ellas la del Corpus. Es que ni la Cabalgata de Reyes, que lleva entre sus carrozas la del portal de Belén. Y de ningún modo hubiera ido al Rocío, por más convivencia, baile, cante, comida y bebida o diversión que me ofrezcan. Entiendo perfectamente que haya gente válida para andar entre pasos y romerías, sosteniendo sus razones sobre las costumbres, las tradiciones, el folclore y hasta el argumento del arte. Pero yo siento una incapacidad natural para habitar sin ser creyente en cualquier cosa, la que sea, organizada con Dios de por medio. ¡Feliz viernes!





