¡Buenos días! Como los carriles con los surcos que estos días de vuelta van dejando las carretas (aquellos legendarios surcos de Los Romeros de la Puebla en las sevillanas donde lloraban los pinos del coto), así hoy el último Rocío ha dejado señales inequívocas por el corazón de todos los que hemos visto a la Virgen. Hay que ser de piedra y sin remedio alguno como humano, para regresar de vacío después de estar con Ella. El Rocío es inmenso, grandioso como experiencia religiosa. Cultura de un pueblo, sí. Tradición de siglos, sí. Pero no me cabe duda de que localiza una de las residencias divinas más evidentes en este mundo. Dios estará en los pucheros, como afirmó Santa Teresa, pero desde luego el Rocío es sede de Dios muy especial en el sagrario de su Madre. Hablar del Rocío sólo de oídas, simplificarlo en tópicos despectivos, es lo propio de gente simple que no da más de sí. Han tenido mala suerte con su papel en la vida. ¡Feliz martes!





