¡Buenos días! Anoche fui invitado a sentarme a la mesa que presidió y centró temáticamente el periodista Fernando Jáuregui, cuyo largo expediente profesional está rápidamente localizable en Google y que, como poco y para ubicarnos, es una de esas caras conocidas de la tele durante años, de aquí y allá en tertulias y debates. Experimenté la sensación de encerrarme en un cenáculo, con asistentes que intentábamos prever -en lo posible para humanos- el futuro de unas cuantas cosas destacables, como la esperanza de vida para españoles y cómo será esa larga vida que los geriatras más relevantes nos auguran, por encima incluso del resto de Europa. Jáuregui trajo además, para reunir a nuestras presuntas capacidades de videntes en un mundo cada vez más incierto, la opinión de tres mil encuestados sobre temas varios, como el de la preocupante escalada de los suicidios de jóvenes. La política, como era de esperar, también ocupó su sitio de comensal que no sabe ahora mismo ni para qué sirve un tenedor. Me fui encantado de hallarme entre personas sin pensamientos precocinados, ni orejeras ni parapetos de caballos de picadores. Y tal como están las cosas me sentí, como si fuera con carácter retroactivo, en un tiempo superado de reuniones clandestinas. ¡Feliz martes!





