¡Buenas tardes! Como yo fui un gran fan de Los Bravos de Mike, comprendí perfectamente a mis hijas cuando empezaron a serlo de One Direction. «¡Papá, que vienen a Madrid!» Pues a Madrid que nos vamos. No sé como no me dio un infarto para conseguir las entradas en El Corte Inglés, pero las conseguí. Llamé a mi prima Cristina, que por entonces residía en Madrid, y nos alojó en su casa, convirtiéndose además en una gran anfitriona para que las niñas conocieran la capital. También coincidimos con mi hermana Pilar y su hija Inés. El concierto en el Vicente Calderón, lleno si cabe más allá de la bandera, fue memorable. En la emoción y los nervios de Marta y María recordé los míos en los años del «Black is black». Pero aún las entendí más cuando asistimos en el Nervión Cinema, de Sevilla, a ver la proyección del documental del grupo más famoso del mundo en aquellos momentos. En el vestíbulo de la sala estaba colocado el photocall de los cinco One Direction. «Papá, ¿podríamos llevárnoslo a nuestra habitación?». Y otra vez la magia de las gestiones. Cargué yo solo con sus ídolos desde Nervión hasta Los Remedios. Eso no cabía ni en coche ni autobús. Acabaron junto a sus camas, velaron sus primeros sueños con la música. ¡Feliz jueves!
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