Pertenezco, como mucho de ustedes, a la generación boomers, así llamada por haber nacido entre 1946 (final de la segunda guerra mundial) y 1964 (el año que más niños nacieron en España); el anglicismo hace referencia al boom de natalidad que se produjo en esas dos décadas. Se le ha puesto también el nombre de generación Z (zoomers) a los que vinieron al mundo entre finales del siglo XX y el año en que empezamos a salir de la crisis de 2008 (más o menos entre 1997 y 2012).
No hace falta que les señale las grandes diferencias que hay entre ambos grupos, donde más que tres décadas, parece que las separan tres siglos, pues han sido tantos los cambios sociales, tecnológicos y de todo tipo, que más que estar viviendo una era de cambio, parece que estamos asistiendo a un cambio de era.
Pues henos aquí, en un momento en el que desde muchas atalayas con una visión dialéctica de la Historia, que les hace creer que toda mejora viene precedida de un enfrentamiento entre dos partes contrapuestas, cuando ya la lucha de clases ha quedado atrás, y la de géneros parece haber llegado a un punto de inflexión, ahora favorecen una contienda entre los que nacimos a mediados del siglo XX y los más jóvenes.
En lugar de auspiciar un diálogo intergeneracional que enriquezca a ambas partes, ponen de moda expresiones como “ok, boomer” (“lo que tú digas, viejo”), “lo tuvisteis todo más fácil para encontrar trabajo y no estabais tan preparados como lo estamos nosotros”, “os pudisteis ir de casa con veintipocos años, no como ahora”, “os estamos pagando vuestras pensiones sin que hagáis nada”,…
Malos tiempos corren cuando hay que demostrar lo evidente y explicar lo obvio, dejó escrito G. Orwell, pero es lo que nos toca, y por eso me gustaría hacerles llegar a estos muchachos que se creen estas manifestaciones, algunos mensajes para sacarlos de su error: no sois la generación más preparada, si acaso la más titulada. La formación se basa en cuatro columnas: la educación (cortesía, urbanidad, comportamiento en la mesa, …), que viene de casa y no te la dan en ningún centro educativo. Los conocimientos, que tenéis olvidados cuando pasan unas semanas tras el examen desde que se implantaron los parciales eliminatorios. Las habilidades (verbales, sociales, lectoras, …), de las que andáis bastante cortitos porque en la mayoría de los casos desconocéis lo que es un examen oral, os ha faltado la escuela de la calle en la infancia y pubertad, y os veis incapaces de hacer un resumen si el profesor no os facilita un power point, y, finalmente, ese poso de sabiduría que te da una temprana inmersión en el mundo laboral, la perspectiva de los años, la experiencia de haber estado doce meses al menos lejos de casa, heredar la ropa de tu hermano mayor, catorce meses en un régimen militar a cientos de kilómetros de tu hogar sin poder ver a tu novia nada más que tres semanas en ese tiempo, … Os aseguro que entre la preparación de un joven de veintidós años de entonces y uno de ahora para afrontar la vida, no hay color.
Cuando me hablas de la selectividad, una selectividad que pasa el 95 % de los presentados ( ), yo te respondo que en aquellos años había que superar un cuarto de bachillerato elemental y revalida con catorce años, y un bachillerato superior y reválida con dieciséis, y no dejaban continuar sin haberlas aprobado. Si me hablas del calor insufrible del verano, permíteme decirte que los aires acondicionados eran aparatos que solo había en los trabajos y en los grandes comercios (tampoco los había en los vehículos). Si ahora hay que competir para encontrar un puesto, imagínate a finales de los ochenta cuando buscaban trabajo todos los nacidos en 1964, año del máximo boom.
No lo tuvimos fácil, ni mucho menos. Frente a la grabación de clases on line, o la facilidad de fotocopiar la materia impartida, en aquella época sólo contábamos con utilizar papel carbón de copia para coger los apuntes a mano para los compañeros que no habían podido asistir a clase, y la formación de un callo en el dedo corazón curso tras curso, y ello mientras respirábamos los no fumadores el humo de los cigarrillos de profesores y compañeros.
La mayoría de vosotros desconocéis lo que es estudiar de noche en un dormitorio con literas donde el hermano pequeño no cogía el sueño, o estar en una clase donde no había compañeros de los pueblos de la provincia (a lo sumo, alguno de Alcalá de Guadaira o de Dos Hermanas), porque las economías familiares, y no digamos los transportes, no lo permitían; tampoco tuvisteis que explicarle a los empresarios qué hacía un economista (en Sevilla la primera promoción salió en 1976) porque, en aquel entonces, para ellos no era más que un contable con conocimientos jurídicos.
Disculpa, amigo zoomer si has interpretado estas líneas como un desahogo; no ha sido mi intención. Únicamente he querido darte argumentos para desmentir a aquellos que quieren que nos enfrentemos en una dialéctica que no nos favorece a ninguno de los dos. De corazón, te deseo lo mejor.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






3 Comments
¡vaya repaso! ja, ja, ja
Pues argumentaciones tienen todos, porque ahora te obligan a saber inglés, tienes que competir con todos los estudiosos de todos los pueblos que antes no hacían la carrera y no eran competencia pero ahora sí porque tienen beca, de hecho teniendo en cuenta que la natalidad ha bajado drásticamente los últimos 50 años, en cambio el número de universitarios se ha duplicado. Lo que mide la dificultad para un puesto o para obtener un título es justamente la cantidad de contendientes para ese puesto, no es raro que opositores que se presentan a niveles A, B y C de la administración, consigan antes un puesto en A que en C, siendo que en C hay menos temas pero mucha más gente presentada. También es cierto que los boomers son culpables de la situación que hoy tienen los zoomers, pues son los boomers los que han votado y forman las estructuras de los partidos que durante 50 años nos han desindustrializado, precarizado los empleos con las normativas liberalizadoras y los que siguen robando a los nuevos trabajadores sus futuras pensiones en esta estafa piramidal obligatoria en que se convirtió la Seguridad Social.
«Más que era de cambio, cambio de era», así lo reformula Alberto Tobaja, y no le falta razón. La «dialéctica marxista» (hoy le llaman «progresismo») nunca pudo aportar nada al progreso y la paz universal. De hecho su propuesta es «la violencia» (revoluciones intestinas dentro de los pueblos) y las juventudes de nuestro tiempo viven «anestesiadas» por la «Inteligencia artificial» (IA).
¡La única posibilidad de verdadero progreso es «el esfuerzo individual» (el trabajo y laboreo)!.
Adhiriendo a la opinión del autor, le hago llegar mi saludo.