Mientras que las casas y comercios de nuestra ciudad se engalanan con alegres belenes, y mientras que millares de niños hacen cola para visitar los nacimientos de entidades privadas, aún no se ha levantado una triste figura de un pastorcito o un Rey Mago en el magnífico arco de San Francisco, donde tradicionalmente se instala el Belén del Ayuntamiento.
La actitud de perros del hortelano de nuestros representantes municipales, sin exponer públicamente el Belén que el pueblo demanda ni permitir su montaje por asociaciones vecinales, contrasta con el sentir de los sevillanos, que no podemos permitir el paso de tortuga y la desidia del Ayuntamiento, que parece querer ir despacito en este tema, como dice la canción, por complejos hacia cualquier atisbo de trascendencia o espiritualidad.






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Así es, José Antonio.
Y eso que al alcalde Espadas, cuando se le cuestiona sobre su compromiso político con la fe cristiana, no pierde ocasión para sacar pecho y le encanta aparecer junto al señor obispo de la diócesis.
En realidad tampoco es que se difencie muchos de los peperos, salvo que aquellos (al menos, hasta ahora) ponían el Belén con mayor diligencia.
Con cristianos como éstos, mucho más preferibles son los agnósticos con conciencia cristiana.
Esperemos que cuando llegue la próxima Semana Santa, Espadas no participe como alcalde en nada que tenga que ver con las procesiones, que es algo sin duda mucho más confesional y religioso que el Belén navideño.