La fiebre del oro de California fue un fenómeno social ocurrido en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, caracterizado por la gran cantidad de inmigrantes que llegaron a las cercanías de San Francisco (California) en busca de dicho metal. ¿Quién no recuerda alguna de las muchas películas del lejano oeste donde muchos se aventuraban con riesgo de sus vidas a conseguir unas pepitas en los ríos o en las vetas de las montañas?
Pues bien, las circunstancias han cambiado desde entonces, pero podríamos decir que hoy día una fiebre del cobre se ha desatado en todo el planeta. En efecto, sus propiedades únicas y su papel clave en las energías renovables y la movilidad eléctrica, han dado pie a una fiebre global por un metal cuya extracción es cada vez más compleja.
Su importancia para nuestra civilización no es nueva: su nombre deriva de Cyprus (denominación que los romanos daban a la isla de Chipre, donde se encontraron los primeros grandes yacimientos), si bien anteriormente los egipcios ya lo asociaban a la vida eterna, y hasta hubo una Edad en la Antigüedad, Edad del cobre, que fue un periodo cultural de enorme dinamismo social y económico que se desarrolló durante aproximadamente un milenio, entre el 3200 y el 2200 a.C.
Nos llaman la atención en la prensa diaria los numerosos robos de cobre habidos en muchos puntos de España (les invito a teclear en cualquier buscador “robos de cobre” y lo verán), y ello porque además de ser fundido, se puede usar para fabricar cables de conducción de energía, válvulas, tuberías y llaves, entre otros.
El crecimiento de la población, el acelerón por avanzar en la transición energética y el afán por electrificarlo todo, aumentarán de forma muy significativa la demanda de este metal, que ya ha sido calificado por algunos como el petróleo de las próximas décadas, aunque los actuales yacimientos se están agotando.
Según la Unión Europea, estamos ante un mineral estratégico: los mayores productores del mundo son Chile y Perú, pero en nuestro continente son Polonia y España, por este orden, los principales productores, y concretamente la faja pirítica del suroeste peninsular con 250 kms de longitud (desde Alcacer do Sal en Portugal hasta la provincia de Sevilla) y 50 Kms de anchura, constituye nuestra mayor reserva.
Un informe de la misma OCDE ya destacaba en 2021 el potencial de la minería metálica andaluza como modelo industrial sostenible, llamada a jugar un papel clave como proveedora de minerales críticos de gran protagonismo en la transición energética.
Pocos andaluces son conscientes del papel tan importante que juegan las explotaciones de Mina las Cruces (Sevilla), Minas de Riotinto, Aguas Teñidas, Magdalena y Sotiel (Huelva), cuyo concentrado se vende en el mercado internacional a unos precios que alcanzaron máximos históricos en 2022 (superó los 10.000 dólares la Tm) en el London Metal Exchange (LME, Bolsa de metales) de Londres.
Quizás no hayamos caído en la cuenta de que el cobre está por todo nuestro alrededor: desde el lavavajillas doméstico a nuestros ordenadores y smartphones, por no hablar de todo el cableado que nos proporciona electricidad, razón suficiente para entender que si aumenta la población mundial, también crecerá la demanda de cobre, sobre todo con los parques fotovoltaicos y los vehículos eléctricos. Por cierto, atentos a China, que consume el 50% del cobre en el mundo, y a India, que sigue sus pasos…
La situación es preocupante, ya que para atender la demanda esperada de aquí a 2030, aunque supiéramos donde hay nuevas minas, no hay capacidad minera actual para satisfacerla, tanto por el exceso de demanda, como por la disminución de la producción en las minas actuales, que se agotan, y porque no se han producido inversiones en años anteriores. Los proyectos de cobre que han arrancado este año, se comenzaron a tramitar hace diez.
La expresión “batirse el cobre” tiene el doble significado de “trabajar o luchar mucho” para conseguir un objetivo, y de «disputar con mucho acaloramiento», y es lo que nos espera si queremos satisfacer la demanda mundial prevista de aquí a pocos años. Suerte, maestro.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Buenas,
Como apuntas hay un problema latente, al igual que con el Litio, ambos materiales necesarios para el futuro. Apuntar también que la mayoría de las empresas extractoras o propietarias del terreno son chinas. Lo cual hace que tengamos otra desventaja mas contra ellos. Desde hace años son conscientes de la importancia y han estado desarrollando su estrategia alrededor de esto (Ver los planes quinquenales de china).
Como cada semana un placer leerte.
Un saludo,
Pedro.