Como si de una purga para regenerar el hígado se tratara, aparece este mes de enero el cartel que ha pintado Miguel Barceló para la XXIII Bienal de Flamenco de Sevilla. Dicen los anti críticas que el cartel refleja los sentires que el flamenco provoca al mallorquín, que es una figura del arte actual, que hay que ser modernos y mirar el cartel con los ojos y el alma abiertos. Les hice caso a los anti-críticas y no solo miré el cartel de Barceló con los ojos bien abiertos, además me puse a estudiar su simbolismo y en él me he encontrado al Mercurio de Giovanni de Bolonia ejecutando un paso de arabesque o attitude, con unos floripondios que le salen de la cabeza, rodeado por unas flores de cardo mariano y los nombres, en un deslucido color azul, de algunas figuras históricas del flamenco del S. XX, todos menos uno, ya fallecidos, como son Mairena, Caracol, Fernanda y Bernarda, Agujetas, Terremoto, Camarón y Paco de Lucía. El cantaor de los que orla el cartel, que sigue vivo es Rancapino, y a lo peor o a lo mejor se muere de la risa con el cartel del «probe Miguel», Rancapino siempre ha sido un hombre sonriente y con muy buen humor.
Parece que me estoy tomando a broma el cartel, pero no, me lo tomo muy en serio y cuanto más lo analizo menos me gusta. No me gusta que en un cartel para una bienal de flamenco aparezcan los cardos marianos, parece como si con ello el autor se esté refiriendo a las tajás que se pillaban los cantaores en los colmaos donde se daban aquellas juergas de señoritos hasta el amanecer, donde los flamencos se cobraban su trabajo en vino, jamón y caldo con yerbabuena. El cardo mariano, ya saben, es un antídoto contra los males del hígado. Luego está la supuesta bailaora del centro del cartel, una figura fantasmagórica, entre bailarina de ballet y el Mercurio de Giovanni de Bolonia, ejecutando un attitude, coronada por unos floripondios que le salen de la cabeza y unas manos de las que salen más cardos anti-cirrosis.
¿Se imaginan ustedes a Carmen Ledesma o a Manuela Carrasco ejecutando un paso a dos ataviadas con tutús o a Farruco, que en paz descanse, bailando «La Bella Durmiente» como si fuera Nuréyev? Yo es que me pongo de mala leche solo de imaginármelo y sigo pensando que este y otros carteles están motivados por una sola razón, la falta de respeto que algunos «modernitos» le tienen al flamenco. Está claro que no se puede respetar ni apreciar lo que no se conoce, ni siquiera por el forro. A los que pagan estos carteles – con dinero público – no les gusta el flamenco, lo ven cutre, antiguo, trasnochado, y de ahí la razón de que quieran convertir a los flamencos en estrellas del rock o cosa parecida. Al alcalde de Sevilla y a otros alcaldes hay que decirles que el flamenco no necesita convertirse en el Circo del Sol, ni evolucionar al son que ellos canten, porque el flamenco goza de buena salud y evoluciona por sí mismo. El cartel de una bienal de flamenco debe de hablarnos de flamenco, no de los ballets de Diaghilev, ni de Carlo Blasis. Carmen Ledesma o Juana Amaya, no son la Pávlova, ni Farruquito es Nijinsky, ni falta que les hace.
Dicho todo lo anterior, felicito al de Felanitx por el encargo municipal, encargo que imagino habrá cobrado principescamente y con puntualidad inglesa, ese cartel que más parece, por lo del cardo mariano, el anuncio del Cynar o del Fernet Branca, esas dos bebidas tan buenas para curar resacas etílicas.





