De entre los 6.500 voluntarios encargados este año de recaudar alimentos para el Banco de ídem, el pasado 2 de diciembre, mi amiga Kuki y esta letrilla que les narra apuntadas a tiempo completo.
La mañana con el dorsal puesto la pasamos en el supermercado de, como no podía ser de otra forma, “El tijeretazo británico” (que si no saben lo que es, ya les digo yo que empieza por “elcortin” y termina por “glé”)
Damas muy peinadas, enlacadas, con pellizas anti frío y las más jóvenes con dolmanes de húsares, bolsos de Calorina y orejas perladas australianamente.
- “Buenos días, ¿quiere colaborar con el Banco de Alimentos? Le damos una bolsa y compra lo que quiera, pero en especial si puede, alimentos no perecederos para bebés…”
“¡Ay, lo siento cielo, es que llevo mucha prisa…!”
“Sólo voy a coger algo que se me ha olvidado antes”
“Ya colaboré el fin de semana pasado, lo siento” (hombre, señora, teniendo en cuenta que sólo hay recogida este fin de semana…)
Pocas bolsas blancas volvían para quedarse en los contenedores, y otras varias hacían el uso de ellas como las que valen céntimos, para llevar la compra a casa. De vergüenza.
Las bienpeinadas se habían dejado el dinero en la peluquería o en el alquiler del ático en el que, a día de hoy, pretenden hacer creer que viven en propiedad…
Por la tarde, peoná en calle Perafán de Ribera; que si no saben ustedes ubicarse les diré que queda detrás del Hospital Macarena y a pocos metros del albergue municipal.
Día 2 del mes. La paguita recién cogida, la extra, la pensión, el paro, lo que le toque a cada uno.
Señora africana a la que entregamos la primera bolsa:
- “Buenas tardes, ¿quiere colaborar con el…?” – Retira la bolsa de la mano de Kuki casi de un tirón, con cara de pocos amigos y, cargando además con dos niños, entra al súper mascullando quién sabe qué, en swahili, zulú o dahalo… demos la bolsa por perdida.
Matrimonios jóvenes con bebés, jubilados abrigados, señoras con bata y zapatillas y otras con mucho, demasiado maquillaje; camareros librados en su hora de descanso, vecinos, veinteañeros a la caza del güisqui BYC…casi todos con bolsa sin entender muy bien qué hacíamos, pero casi todos con algo dentro al pasar por caja.
Al fondo, la africana tirando de dos carros de compra, dos, y cargada con los niños en sendas kepinas.
Bolsa va y bolsa viene: “¡Kuki, hoy hacemos bíceps de sobra!”, “¡Ay sí, qué bien Chon!”
Ya en caja, la mamá bantú pasó los dos carros con sus correspondientes viandas, los pagó y, saliendo del establecimiento, empujó uno de ellos lleno hasta la bandera (pero hasta la de la plaza de Acho, que está más en alto), hacia el contenedor de alimentos que custodiábamos y, sin sonreír nos dijo: “¡TOMA!”
Saquen sus conclusiones. No voy a ser yo quien se lo explique, pero sí les diré que aun así, este año se han recaudado 100.000 kilos menos que el año pasado. Así que, ¡menos laca y más patata, coño!





