¡Ay, bahía de Cádiz!, que cantaba Camarón el de la Isla. ¿Qué haríamos sin ti los que vivimos y sufrimos tierra adentro, rodeados de campos de calma y olivos? ¿Qué sería de nuestras vidas sin que cada verano nos regales tu luz y tus cosas? ¿Cómo podríamos aguantar los envites de esta vida canalla si no tuviéramos la ilusión de beber tus vientos de vez en cuando? ¿Qué haríamos sin que fueras nuestro Refugio —y Salud de San Bernardo—? Seguramente, nada. Que hasta el poeta lo dijo a boca llena: “El mundo se divide en dos: Sevilla y Cádiz”. Y todo lo demás, sucedáneos. Sino, que se lo pregunten a mi amigo Pepe.
Escribo aún con el corazón acelerado, con el alma en vilo. Y es que hoy hemos vuelto a ver toreo grande en la plaza del Puerto. Perdonen, por favor, si cargo la tinta en estos derechazos de trazo limpio y en estos naturales que llegan hasta la playa de la Muralla. Pero yo soy así y ni me escondí cuando las espantás ni me escondo cuando llega la horita buena de volver a navegar.
Como mástil de bandera, que cantaba El Pali, el cartel de “no hay billetes” se colgó hace más de una semana. Mientras, la mosca revoloteaba detrás de nuestra oreja porque ya se sabe… “tarde de expectación, tarde de decepción”. Pero la regla general está para romperse en mil pedazos, en mil astillas.
Y ha salido cara. Como tantas veces salió cruz. Pues ha salido cara y es la hora de decir cuatro cosas claras, que bastantes veces nos hemos tenido que morder la lengua tras un concierto de Silvio o un recital de El Torta o una tarde aciaga de Morante. Pues hoy no nos mordemos la lengua y decimos a los cuatro puntos cardinales que hemos vuelto a disfrutar del mejor de los toreros, del único en el siglo XXI, del que ha puesto esto boca abajo después de José y Juan, de Manolete y Pepe Luis, de Ordóñez y Luis Miguel, del Crodobés y Camino, de Paquirri, de Espartaco, de Ponce… Y se llama José Antonio Morante Camacho. Y es de la Puebla del Río, que Rosa ha dado una lección de cómo se ven los toros junto a su Javier, que también es de las islas aquellas “donde se fueron los moros que no se quisieron ir”.
Es noche rotunda y escribo con la madrugada a cuestas. Y echo mano de los apuntes que ido tomando sobre la marcha, al compás de un festejo que ha festejado la grandeza de la fiesta con un Morante celestial, un Roca Rey respondón y Daniel Crespo levantando el vuelo a mejores años, que este torero me parece a mí que tiene mucho que decir.
Rompe el paseíllo. El público obliga a saludar a Morante de la Puebla —en agradecimiento por lo realizado el domingo pasado y por estar hoy el Puerto, con la paliza que se trajo de Marbella—. Comparte ovación con sus dos compañeros de terna.
Primero: El de la Puebla del Río recibe al toro con el capote en terrenos del uno. Va largo, pero echa las manitas por delante. Remata con una media entre las dos rayas. Puyazo correcto. El animal pierde las manos al salir. Quite por delantales a pies juntos. Cumplidores pares de banderillas. El toro pide muleta. Comienzo a media altura. El melocotón acusa poca fuerza. Primera tanda con la derecha de antología. El pasodoble ahoga un cante por fandangos. Torería en los cites, embroques ajustadísimos. Garbo. Le da media distancia en el cite. No se puede torear más cerca. Dándolo todo en cada pase. Por el izquierdo el toro se queda más corto y repone. ¡Qué fácil parece, con lo difícil que debe ser! Grande Morante, andando con una torería inigualable por la cara del toro para cambiarlo de terrenos y llevárselo a los medios. Esto es otro mundo: el sello inigualable de un torero de época. Siempre cruzado, siempre bien colocado. El izquierdo no es el pitón bueno pero Morante insiste. Sabe que ahí está la esencia. Lo coge en corto para entrar a matar. Estocada entera en todo lo alto. Dos orejas, que bien pudo ser una. En la vuelta al ruedo, vuela por el aire un ramito de romero, anudado por Amada, que ha lanzado Fidel.
Segundo: Recibo por verónicas a pies juntos. El toro, acodadito de pitones, echa también las manos por delante. Roca Rey lo lleva dándole sitio y el toro saca calidad en la embestida. Puyazo fuerte tras fea rectificación. Capote a la espalda y remate a una mano en el quite del peruano. El toro parece que quiere trapo y se ha venido arriba. Tercio de banderillas cambiando demasiado los terrenos. Así es más difícil ver el toro. Todo cuesta más. Comienza la faena de muleta de rodillas entre las dos rayas. El toro va muy largo. El tercer muletazo, cambiando el viaje por la espalda, pone la plaza a revienta calderas. Roca no se deja ganar la pelea. Quiere guerra. El de Vejer es noble y tiene calidad en la larga embestida. Roca lo entiende desde el primer muletazo. Lio gordo en la quietud y la ligazón. El bruto sigue respondiendo. Muleta adelantada y llevándolo largo con la zurda. Lo deja respirar y luego da aire. Repertorio de circulares y pases por la espalda. Gran toro para el toreo fundamental, clásico. En las cercanías el toro se arruga. ¡Ay, qué recuerdos, Paco! Remata por bernardinas muy ceñidas. Pero el toro no quiere cercanías y luce más en la distancia media-larga. Repetimos: toro para lidia clásica. Estoconazo tras aviso. Dos orejas.
Tercero. Ovacionado recibo a la verónica. El toro cumple en el caballo. Quite por chicuelinas muy ajustadas de Daniel Crespo. Magnífico tercio de banderillas que hace saludar a Mambrú. El torero brinda al público y se saca al toro a los medios con torería y gracia. Tanda con la derecha de enjundia. El toro, que se queda cortito, se le cuela en el de pecho. Suena la música de nuevo. No hay acople con la mano izquierda. El toro, que termina aburrido, aculado en tablas, tiene teclas que tocar. Termina, aburrido, manseando. Más de media estocada tras pinchazo. Palmitas.
Cuarto: Morante recibe a medio capote, cogiéndolo por la esclavina, con esa suerte que ha salido de su cabeza privilegiada. El toro aprieta para los adentros y el torero pierde pie. Se levanta como un novillero con la hierba en la boca y remata la serie. El toro acude al relance al caballo. Feo puyazo. En el segundo encuentro derriba al del castoreño. Otra puya más. Descontrol y desorden en el redondel. Tercer y cuarto encuentro con el caballo. Quita Roca por caleserinas. El morlaco sale distraído de los cites con la cara a media altura. No ha parado un segundo quieto. El torero se queda solo con el de Núñez del Cuvillo con la muleta. Lo saca con pases que son carteles de toros. Se escucha en los tendidos un ¡viva Paula! Y el Pica… Y Terremoto. Ole. Ya en los medios, le enjareta cinco derechazos y dos pases de pecho de artillería catorce, exigiendo y dando, que en el amor hay que dar para recibir. Suelta la cara el negro mulato y el matador aguanta entre los pitones, muy quieto siempre. La banda del maestro Dueñas rompe con Concha Flamenca. Con la izquierda, toreo hierático, vertical, solo muñecas y alma. Solo el pechito fuera y el corazón en la mirada. Un natural eterno —aún sigue rematándolo, creo—. Otro más, larguísimo, mientras el toro echa el freno. Pero Morante sigue y pisa a fondo el acelerador. Y sigue, sin toques, solo con la voz. De nuevo en la gloria. ¡Ave Morante, gratia plena! Antonio Ortega se ha emocionado porque ha visto a su Andalucía del alma, a su cultura más preclara, frente a él mismo. Manuela, con su gusto de siempre, disfruta desde la sencillez y la humildad. Pies juntos con la derecha, a favor de querencia. Valiente, sabedor de lo que se juega. Entra a matar en la suerte natural. Casi entera y un pelín tendida. El público pide la oreja. El presidente la niega. Ni antes era de dos ni esta de ninguna. Ay… Fuerte ovación.
Quinto: Pregonero de nombre (José Ángel, que “Se acaba esta efímera andanza / como una media verónica en la Maestranza”). El toro, el que menos dice hasta el momento, embiste desordenado al capote. Roca no puede ordenar la embestida y el toro dice poco y embiste con los pechitos. Flojea de los cuartos traseros. La puya cae traserita. Pierde las manos y hay pocas esperanzas. Tercio de banderillas sin pena ni gloria. Brindis al público. El toro, que es pronto, galopa de lejos. Estatuarios. Como una vela. A Andrés le sirven muchos toros. Y este parece que le va a servir para su tauromaquia. Le da aire. El de Núñez del Cuvillo no quiere nada a media altura. Todo tiene que ser muy por abajo. El torero se revela. Música. El pitón es el izquierdo pero por aquí hay poco acoplamiento. El matador se envalentona pero el oponente sale distraído del embroque. Hay que llevarlo muy toreado. Desarme. Y el arrimón. Otra vez. Pierde la espada y sigue aporreado. El toreo es lentitud. Todo despacito. Y Roca busca eso. Pero aún, a qué dudarlo, no lo ha conseguido. Aviso. Pinchazo. Lo coge muy en corto de nuevo en la suerte natural. Mata en la contraria, en el hoyo de las agujas. Ovación.
Sexto: Daniel Crespo se va decidido a la puerta de toriles a puerta gayola, a darlo todo. A por todas. No se puede perder el tren. Larga cambiada y ramillete de verónicas andándole, ganando terreno. Compás abierto. Suena la música. Palmas por bulerías en los tendidos. Noche cerrada en el puerto y ganas de toros. Encuentro con el caballo cumpliendo, sin más. Daniel vuelve a brindar al público. Lo cita desde los medios, apuntando el cartucho de pescado. Sigue con la zurda. Embestidas descompuestas que el torero pone en pie y en orden. Media distancia con la derecha. Suena el Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Y el maestro Daniel Crespo liga con la derecha dejándosela puesta en el hocico. La plaza ruge. Está toreando de bien para arriba. Muy bien. El jabonero embiste con calidad. Con la zurda, el natural es clásico, de toda la vida. Sin aspavientos. ¡Qué bonito es esto! ¡Qué grande es el toreo! La noche se sublima y estoy viendo lo que estoy escuchando. Si naciera otra vez quisiera ser taurino de nuevo. No tengo dudas. Aplausos a la banda del maestro Dueñas. Para rematar, más con la izquierda. El toro repone pero el torero no se amilana. Se siente. Y nos hace sentir. La plaza en pie. Estocada y toro rodado. Dos orejas.
Para rematar el día, la banda ataca “El vaporcito del Puerto” y la plaza entera canta los versos de Paco Alba. Estamos felices. Y José Manuel, que nos confesó que “de toros, lo justo”, ha salido toreando de la plaza. Y eso que confiesa que él no entiende de esto…
—¿Se torea así?—, pregunta.
—Pues sí. Así es como se torea. Y así es como se vive una tarde toros en el Puerto de Santa María, “Ad Maiorem Dei Gloriam”.
Pst: Querido lector, le pido disculpas por esta crónica pasada de faena, pero es que ayer sucedieron muchas cosas en la Plaza del Puerto. Hasta un encontronazo —un agarrón que dicen por Sudamérica— tras el arrastre del cuarto toro, entre Morante y Roca. Cosas de gallos. Y que sí, Andrés, que sí… que el puro se fuma despacito. Como se torea. Como hace Morante, ni más ni menos. Igualito.
FICHA DE LA CORRIDA:
Real Plaza de Toros del Puerto de Santa María (Cádiz). Quinta de abono.
GANADERÍA: Se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y con calidad, aunque quizás algo justos de raza. Excelentes, segundo y sexto, que merecieron la vuelta al ruedo.
TOREROS: Morante de La Puebla, de nazareno y azabache, dos orejas y saludos desde el tercio tras fuerte petición de oreja. Andrés Roca Rey, de azul marino y plata, dos orejas tras aviso y ovación tras aviso. Daniel Crespo, de corinto y oro, silencio y dos orejas.
INCIDENCIAS: Se colgó el cartel de ‘no hay billetes’ en tarde agradable de temperatura. En el tercer toro de la tarde se desmonteró el banderillero Manuel Rodríguez Mambrú. Los tres matadores salieron a hombros por la Puerta Grande.






