Corren tiempos en los que los conocimientos de Geografía e Historia cotizan a la baja, y si esto es así al circunscribirnos al ámbito local, es un lujo el tenerlos referidos al terreno universal. Es por ello por lo que me gustaría compartir con ustedes un interesante episodio muy olvidado sobre la navegación española por el océano Pacífico en el siglo XVII.
Como se había hecho desde el descubrimiento de América, la Corona Española, que a principios del siglo XVII gobernaba toda la Península Ibérica, tenía un ferviente interés por conocer la actualización de lo que se iba descubriendo y saber la extensión de su imperio en una carrera expansiva y comercial que había alcanzado tintes internacionales. Uno de sus principales informadores fue Manuel Godinho de Erédia. Entre los mapas que levantó tras el inicio de sus aventuras como cartógrafo, destaca uno en el que aparece la representación de los descubrimientos realizados por Pedro Fernández de Quirós en el continente australiano, y que formó parte de las expediciones por el Pacífico que estaban realizando tanto españoles como portugueses desde mediados del siglo XVI.
Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres fueron dos exploradores españoles, respaldados por el Papa Pablo V y el rey Felipe III, que lideraron una expedición al Pacífico en 1606, buscando la legendaria Terra Australis. Quirós creyó haber llegado, pero erró en el cálculo de la longitud. Se separó de Váez tras un temporal y puso rumbo a México, no regresando a la isla que él había llamado «La Austrialia del Espíritu Santo» en honor a la casa de Austria.
Torres continuó la navegación, descubriendo el estrecho que hoy lleva su nombre entre Nueva Guinea y Australia, y explorando la costa australiana. Su travesía fue tan destacada que se considera una de las más arriesgadas y mejor pilotadas del Océano Pacífico. Continuó hacia el oeste, explorando la costa australiana, y finalmente zarpó hacia Manila, y de ahí a España.
La conquista británica de Manila en 1762 supuso el colapso de buena parte de la memoria de la presencia española en Asia / Pacífico: más de 200 años de navegación y relaciones con culturas y civilizaciones, seguido de una política de eliminación de la huella hispánica y su sustitución por un discurso hegemónico británico. El último gobernador inglés de la isla en 1764 (año en que Filipinas volvió al dominio español tras el tratado de París) ordenó la toma de la mayor parte de los fondos documentales de la ciudad (en aquellos años el centro cartográfico más importante del Pacífico) y se la llevó a la Royal Society de Londres, que a su vez la compartió con la Compañía Británica de las Indias Orientales.
De este modo, la cartografía española fue utilizada por James Cook, nombrado teniente para una expedición por el Pacífico, que luego fue publicada por el escritor de moda John Hawkesworth, quien convirtió al citado marino en el personaje de leyenda que ha llegado hasta nuestros días, dando pie a una guerra cultural aún no superada.
No obstante, la huella española sigue presente en aquel continente: en la vecina Nueva Zelanda, los Paniora (el clan español) descienden de un segoviano, Manuel José de Frutos, que llegó en la década de 1830 a las costas de Aotearoa. Nacido en 1811 en la localidad de Valverde del Majano, fue un comerciante de lana que un día lo dejó todo para hacerse a la mar en busca de fortuna. Llegó a Perú, donde se embarcó en el ballenero inglés «Elizabeth», con el que atravesó el océano Pacífico. Arribó a Port Awanui, al nordeste del país, y allí entabló amistad con las poblaciones de la zona. Su relación con ellas llegó a ser tan estrecha que desposó a cinco mujeres, y hoy, casi dos siglos después, sus descendientes son más de 20.000, y no han olvidado sus raíces españolas.
Finalmente, hay aproximadamente 123.000 australianos que son de ascendencia española total o parcial, la mayoría de los cuales residen en las principales ciudades: Sydney y Melbourne, con cifras menores pero de rápido crecimiento en Brisbane (que tiene más de 15.000) y Perth.
Por cierto: mientras que ya a principios del siglo XVI, la Reina Isabel la Católica se preocupó por el trato justo y humanitario de los pueblos indígenas en América, como lo dejó escrito en su testamento en 1504, y Quirós obligó a la liberación de esclavos, convirtiéndose en el primer paladín de los aborígenes, estos, bajo dominación británica, hubieron de esperar hasta el siglo XXI, para que se les reconocieran los derechos humanos mediante instrumentos internacionales, como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, en 2007.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Buen esfuerzo de Alberto Tobaja por difundir el legado de España en el Océano Pacífico. Ciertamente la Reina Isabel (La católica) se anticipó a la ONU (Organización de las Naciones Unidas).
Saludo al autor.