Vivimos inmersos en demagogia, tan inmersos que a veces, por enemigos que seamos de ella en la teoría, pues en la práctica hasta la asumimos; tan potente es la fuerza de las palabras y frases recibidas a todas horas, a cada minuto…
Así pues, continuamente se habla de países ricos y países pobres (simplista división que tiene un fundamento, sí; pero, merced a la utilización de ese discurso, ¡cuánta parte del salario de un trabajador de “país rico” acaba en el bolsillo de los grandes dictadores de “países pobres”!, para mejor consolidar los desafueros…), y de “subir los impuestos a los ricos” y de “darle electricidad gratis a los pobres”… Frases muy efectivas, que tapan los mil matices de las situaciones de la vida, y que no pretenden mejorar realmente las cosas, sino alcanzar el favor de las masas para alcanzar o mantener el poder.
No descubro nada nuevo, claro. Pero la falsedad de tales argumentos se hace palmaria cuando nos enfrentamos, en un día cualquiera, a … a casi cualquier faceta de la realidad. Un ejemplo: el transporte público.
Recientemente, y con el dolor de muchos, se ha acometido la peatonalización de la plaza de la Magdalena, en el centro de Sevilla. Mucho habría que hablar y que lamentar de este destrozo, de la historia de la plaza, de la finiquitación de un espacio único… pero en fin, centrémonos sólo en el transporte público. De esta plaza salían tres líneas de autobuses (el 40, el 41 y el 43) que comunicaban el centro con los barrios al otro lado del río. Autobuses popularísimos, como atestiguaban sus respectivas colas…
Que hubiera desvíos debido a las obras resultaba inevitable. Pero hé aquí que esos autobuses han desaparecido para siempre. Sus paradas principales han quedado al principio de la calle Reyes Católicos, casi al lado del puente de Triana. Sería posible otra parada más cercana al centro, en la calle San Pablo, pasando por la iglesia de la Magdalena y volviendo en dirección al río por la calle Canalejas (de hecho, esta modalidad funcionó durante un tiempo, y con notable afluencia de viajeros, dentro del general descenso debido a la pandemia). Pero por lo visto era demasiada comodidad para el pueblo llano, al que (demagógicos parecemos ahora, sí… pero es la realidad) se trata siempre de maltratar. Esa modalidad, que atenuaba algo la triste pérdida de la plaza de la Magdalena como centro de comunicación popular hacia Triana y Los Remedios, pues decidieron suprimirla también. En la actualidad, para tomar un autobús desde el centro hasta esos barrios, pues hay que caminar tanto que resulta prácticamente inviable.
Los relativamente jóvenes y atléticos pueden recurrir a sus bicicletas y patinetes. Y los relativamente ricos, a sus taxis y VTCs.
Nunca nos gustó el lenguaje de la demagogia, de ricos frente pobres, niños o ancianos frente a jóvenes… Es una división artificial, en medio del tejido social que sostiene a todos. Ricos son, sí, imagino, los dueños de los grandes almacenes y de las tiendas de “chinos”, pero, ¿qué haríamos sin ellos? ¿no nos solucionan los desavíos? Ricos son los artistas o deportistas de mil tipos que nos entretienen, y, ¿preferiríamos acaso que no existieran? La demagogia es tan burda que hasta cansa. Pero hé aquí que de repente nos vemos ante un caso flagrante de injusticia social clamorosa, y ¿ahora nadie dice nada?
¿Nadie piensa en la señora anciana y de pocos medios, la que antes hacía la cola del autobús 43 en la plaza de la Magdalena, con sus bolsas, a veces con el andador, y que ahora se ha quedado sin esa posibilidad de acceso?
Los jóvenes, o cicuentañeros ágiles, en sus patinetes. Los que pueden, en sus VTCs. ¿Y los ancianos? ¿Y los no acomodados?
Aunque sea por demagogia, ¿nadie protesta?
Por una vez, encontramos un desafuero que “hace juego” con el lenguaje de la demagogia. Aunque nos disgusta el simplismo de ricos frente a pobres, ancianos frente a jóvenes, todos esos lemas facilones y poco sinceros… pues resulta que esta vez en que sí parecen corresponder a una realidad palpable, ¿ahora nadie dice nada? Aunque sea por coherencia con vuestras frases demagógicas, pues, señores políticos y concejales y comentaristas políticos, denunciad, por favor, la indefensión en que han quedado las ancianas menos ágiles y menos adineradas de la ciudad (y ancianos. Pero ellas son mayoría).
Pero nadie dice nada. Prueba de que las frases simplonas de justicia social y de defender a los pobres siempre son falsas.
Esta vez vendrían a cuento. Aunque sea por demagogia, ¡hablad! Restaurad el noble y democrático y popular autobús de Sevilla a Triana, de Triana a Sevilla.





