En este juego de polarizaciones y de continuos sobresaltos que tanto le gustan a Iván Redondo, como si la política consistiera en el guión de un thriller de acción que deje sin aliento a los espectadores, no hay día sin su correspondiente escándalo, y así desde el día de las elecciones de noviembre de 2019. Repito: esto no hay país que lo soporte.
Los hechos y las situaciones se suceden y se pisotean entre sí a una velocidad vertiginosa, a veces como argumento principal y otras como tramas secundarias prefabricadas a modo de liebres que desvíen la atención para lograr un nuevo efecto de asombro o de sorpresa que inmediatamente tape la gravedad de lo anterior.
El mayor peligro de estos asesores de la política convertidos en guionistas y a la vez en productores ejecutivos de sus ocurrencias es que cuentan para sus inspiradas creaciones con un respaldo financiero casi ilimitado que se parece demasiado a los Presupuestos Generales del Estado.
Lo mismo se permiten mover una montaña que construir un puente o financiar una aerolínea en bancarrota; igual montan un sarao para trasladar una momia en helicóptero que movilizan un cuerpo de ejército con buques y aviones a la otra punta del Mediterráneo; y lo mismo le regalan cantidades millonarias a las cadenas de TV para convertirlas en sus firmes aliados que acogen a miles de inmigrantes traídos en pateras desde cualquier lugar del globo, como un desembarco en Normandía, en la confianza absoluta de que los recompensados actores secundarios que actúan bajo el pseudónimo de «periodistas» seguirán aseverando «que huyen del hambre y de la guerra» (sic) sin que nadie haya logrado averiguar de qué hambre o de qué guerra proceden millares de marroquíes que al poco de estar aquí exigen que les paguen a ellos y a sus familias el regreso de vacaciones a su lugar de origen. Mientras tanto, detienen al presidente de la Comunidad Islámica de España por terrorismo.
Al gobierno le entusiasman estos ‘happenings’, a veces prediseñados y otras tantas improvisados, que convierten la vida política en un circo de tres pistas permanente donde si la hija de una famosa cantante llora una pena en las pantallas, una ministra y su maromo saltan de alegría apenas descubren la oportunidad de asomarse a pegar tres volteretas en el aire.
Así nos tienen entretenidos con sus giros de guión y confunden a la opinión pública, que ni siquiera reacciona cuando el SEPE se colapsa y amenaza con entrar en barrena en los pagos de las ayudas y prestaciones de las que malvive media España.
No queda un euro en las arcas del Estado y el gobierno trata de ganar tiempo hasta junio, cuando se supone que deben llegar las primeras cantidades de los planes de la UE, que bien podrían acabar en el rescate de otra serie de aerolíneas bolivarianas, en Cubana de Aviación o en la flota pesquera del Congo, del mismo modo que a propuesta de Errejón se aprueban 50 millones de euros para un estudio de la jornada de 34 horas y no llega a un millón de euros la cantidad para el desarrollo de una vacuna propia, cantidad que no cubre ni los sueldos de un mes de los becarios de los laboratorios.
Un tipo llamado Roures, el dueño de La Sexta, recibe más de 250 millones por la cara mientras millones de trabajadores en paro y de autónomos cerrados se desesperan ante la hecatombe que tenemos en lo alto. Y nada de esto parece motivar a un sindicato obrero a montar una reivindicación o una protesta, porque han visto crecer sus subvenciones en un 56%, de modo que la puesta en escena de este Cecil B. de Mille de pacotilla, cabeza de huevo que responde al nombre de Iván Redondo, nos va a costar esta vez un despilfarro clientelar y una costalada antes de que acabe el año.
El elenco de actores general, bien es cierto, es deplorable, pero al guionista se le ha ido de las manos este aluvión de tramas engarzadas que constituyen la farsa más deplorable de nuestra Historia desde el saqueo del oro del Banco de España y de los fondos de museos y tesoros nacionales con la excusa de protegerlos de la guerra, donde desaparecieron camiones enteros cargados de joyas y obras de arte antes de salir por Perpignan y que Franco logró recuperar en parte en un tren que volvió de inmediato desde Suiza con los fondos del Museo del Prado.
Que nadie se llame a engaño, porque lo que estamos viendo es un atraco feroz y sin contemplaciones envuelto en mil tramas de enredo, un asalto completo a las arcas no sólo españolas, que están exhaustas, sino que ahora Sánchez tiembla de emoción ante la llegada prevista de los fondos europeos, cuyo modelo de reparto apoyó VOX cayendo en una de las trampas para elefantes que les tendió el alocado guionista.
Estamos en shock y puede que cuando reaccionemos ya será demasiado tarde, a no ser que reaparezcan con nuevas tramas los ministros que están fuera de combate, como Yoli Díaz, feliz y sonriente, frívola como una canastilla de caperucita rosa o como un personaje de comedia de Billy Wilder y aspecto de llamarse Lorelei Lee, probándose camisas de regalo mientras el país se paraliza y estalla en mil pedazos.
Esta peli acaba mal y el final será desagradable, porque el celuloide arde y las cenizas salpicarán el patio de butacas.
He dicho.
4 millones de parados y esta anormal probándose ropa en el despacho.
De verdad no vamos a salir a liar la de Dios? pic.twitter.com/3CMVDqogk9
— RESI👑 (@LVResi) March 23, 2021
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Este culebrón siniestro es una copia fiel de lo que sucede en Argentina, cada vez más parecida a Venezuela.