Recordemos el 9 de noviembre de 1938. Esa noche es también conocida como la «Noche de los Cristales Rotos». En Alemania llevaban años ensayando esa partitura del odio, del agravio y de las diferencias. El nacionalismo emplea siempre idénticos instrumentos.
¿Qué sucedió el 9 de noviembre? Durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 las SA (tropas de asalto) junto con la población civil alemana y austriaca atacaron con fiereza sin igual a la población judía, sus hogares, comercios (mas de 7.000 destruidos), sinagogas (mas de 1.000 incendiadas), cementerios, hospitales …
Mientras ese horror sucedía las autoridades alemanas observaban sin intervenir.
Observaban como apaleaban a un viejo rabino y como arrastraban de los pelos a una madre delante de sus hijos aterrorizados.
Observaban… Al fin y al cabo era una reacción espontánea del alfabetizado y soberano pueblo alemán, ante las agresiones históricas de los judíos. Y si es la decisión del Pueblo expresada en la calle debe ser la correcta ¿Nos suena este discurso, verdad?
Aquel 9 de noviembre la excusa fue el asesinato dos días antes de Ernst vom Rath, secretario de la embajada alemana en París. Pero si a vom Rath no lo hubieran asesinado, otra habría sido la señal. La música ya estaba escrita y el director, un tal Adolf Hitler, estaba ansioso por empezar el concierto.
Nunca se sabrá con certeza cuantos asesinatos hubo en esa noche de progromo medieval. Como mínimo 91 ciudadanos judíos fueron asesinados durante los ataques y otros 30.000 fueron deportados a los campos de concentración de Sachsenhausen, Buchenwald y Dachau. Aún faltaban dos años para que los campos de concentración se transformaran en campos de exterminio, pero aun así miles de esos prisioneros inocentes murieron a manos de sus torturadores antes de la llamada «Solución Final» (de nuevo ese eufemismo tan nazi – tan totalitario- de no llamar a las cosas por su nombre).
La «Kristallnacht» fue seguida por una persistente persecución política y económica a la población judía y terminó con el exterminio de mas de 6 millones de judíos europeos. Su objetivo era llegar a 11 millones.
Por eso hay conciertos cuya música no quiero escuchar ni de lejos, pero cuya horrible partitura nacionalista se reconoce muy bien. ¡Malditos aquellos que envenenan el alma humana!





