Empieza septiembre y la verdad es que podría hablar de los cayucos que no paran de llegar a Canarias; o de que Sánchez adelantó el Congreso Federal de su partido – el PSOE es suyo – al mes de noviembre para manipularlo y ver, si con suerte, se puede quitar de en medio a Emiliano y a los pocos críticos que osan llevarle la contraria y dar un golpe de mano – otro más – y cambiar algunas presidencias autonómicas disidentes. Podría hablar de todo esto, pero hacerlo me aburre soberanamente. Es mucho más divertido escribir sobre la enfermedad psíquica que afecta a varios millones de españoles, la del síndrome del «36 interminable». Este síndrome, inoculado en las mentes débiles, permeables a la palabrería de tintes izquierdosos del rojerío con saudade beligerante que les viene adoctrinando, desde minuto y medio después de que los abuelos de algunos perdieran aquella guerra en abril del 39. Digo que los abuelos de algunos porque los abuelos, e incluso los padres de muchos de los del rojerio rampante eran de derechas, monárquicos confesos y militares de alta graduación de la casa del Caudillo. No doy nombres de los nietos e hijos de estos franquistas de los de toda la vida porque me llevaría mucho tiempo; la lista es larga.
Lo de la enfermedad psíquica que sufre gran parte de la población española de 16 a 90 años, la podemos ver muy bien entrando en diversos grupos de las redes sociales de Internet, dedicados a fotos antiguas de España. La cosa no crean que es para tomársela a broma. ¿Qué usted cuelga una foto de un pase de modelos de alta costura en el Madrid de los 50? Pues rápidamente verá como varios nostálgicos de las checas de Madrid se le echan encima llamándole fascista y puede que cosas peores. También le pueden decir que su familia de usted rezuma pasta si usted cuelga una foto de alguno de ellos a finales de los 20, bien vestidos y sonrientes. Además de decirle que rezuman pasta, le pueden decir, con emoticonos con risotadas, que no sabían lo que les esperaba. Ya saben, si usted no está de mal ver, se lava y va bien vestido, es usted un facha de mucho cuidado, al que les gustaría darle matarile. Estos del rojerío no salen del túnel del tiempo.
No vayan a creer que la cosa de los rojos por las redes queda en estas desagradables anécdotas, ni mucho menos. El rojerío en las redes se entretiene en protestar porque los españoles de los años 40 y 50 trabajaran para los aristócratas y burgueses. Lo bueno era trabajar tras el Telón de Acero. ¿Que ven una foto de una procesión del Santísimo, del Corpús o de Semana Santa? Pues nada, rápidamente salen insultando a la Iglesia Católica y dicen que el personal se arrodillaba porque les obligaban. Como poco se da uno cuenta, rápidamente, de que si les dejarán volverían a quemar iglesias, y bibliotecas y a matar contra una tapia a curas, profesionales liberales y a todo el que les lleve la contraria.
Al escribir esto recuerdo que a mediados de los ochenta le dije a mi padre que seguirían con la guerra como instrumento de revancha política. No me equivocaba, la utilizan sin parar para seguir lavándoles el coco a todos los incultos – incultos que a estas alturas son casi el triple de los que había hace cuarenta años – y a todos los resentidos sociales que andan sueltos por la redes y por las calles de España. En quince años harán cien que acabó aquella guerra, pero para ellos nunca se acaba, siguen en la batalla de Brunete, es su guerra interminable mantenida con la insostenible ley de su memoria selectiva y su muy particular tipificación del odio como delito, odio selectivo, en el que no incluyen el que ellos fomentan contra la iglesia católica y contra la derecha, esa que les gana las elecciones generales obligándoles a suplicar el apoyo de partidos nacionalistas de derechas, de toda la vida, como PNV y JUNTS.
Está claro que en este país de «Nunca Jamás» que se han montado es muy difícil el avance social y económico. Tal vez venga bien el baño de realidad que va a traer el que nos estén vaciando África en Europa, aunque si me atengo a las gilipolleces que leo y escucho cada día sobre el asunto, lo dudo mucho.






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Estimable María Isabel Gómez Oroño: Muy ciertas las gilipolleces que denuncias en tu opinión. La «zurda» y su consecuente «progresismo» son las causas de la frustración de la España siglo XXI.