De vez en cuando la vida nos regala un juez que hace justicia. Cabría esperarse siempre eso de un juez, lo mismo que cabría esperar de cada cual, que cada cual fuera lo que tiene que ser. Sin embargo, lo esperable se ha convertido en lo excepcional. España es como una aclaración continua cada vez que pasa de manera extraordinaria lo que tendría que pasar de manera normal.
Ya no es normal que los reyes reinen o los gobiernos gobiernen. Eso es extraordinario. Ya no es normal que los políticos sirvan a la comunidad, sino que le roben. Ya no es normal que Hacienda recaude, sino que saquee. Ya no es normal que los bancos nos atiendan, sino que nos cobren hasta por ingresar. Tampoco es normal que un asesino esté en la cárcel, sino a sus anchas por la calle. Por no ser normal, ni el pan es ya pan ni el vino es vino. Hasta el aceite llegó un día a ser de colza, la guerra fue fría y dictadores los demócratas.
Antonio Moreno Andrade ha sido el juez de una Justicia justa en este mundo de constantes pleonasmos donde aclaramos ya casi todo. Bien pensado, quizás la vida sea más veces de la cuenta esa aclaración de que algo es lo que tiene que ser: el amor, verdadero; los amigos, incondicionales; los cantantes, sin playback… Una vida llena de reiteraciones de las palabras para combatir tanta desconfianza hacia ellas: como cuando lo bueno es bueno, bueno, bueno, porque decirlo sólo una vez no lo hace creíble; o cuando decimos siempre, siempre, siempre, no vaya a ser que parezca un rato. Las cosas ya no se aseguran a sí mismas (con la tranquilidad de su significado), sino repetidas, como si una coda fuera su garantía.
La despedida del magistrado Moreno Andrade de su larga y fecunda carrera judicial ha sido la del aplauso cerrado y en pie al hecho excepcional de un juez que impartió justicia, el caso raro de un juez ecuánime y extremadamente responsable con sus sentencias. Era lo que tenían que hacer los jueces, pero muy pocos lo hacen. Moreno Andrade humanizó las salas donde ejerció. Deja atrás, como él mismo ha reconocido, una Justicia peor que la que se encontró. Y no digamos ahora que la deja uno de los mejores hombres que formaban parte de ella.





